En 2007 mi mujer y yo llegamos a Mallorca después de un viaje a Argentina. Una estancia de medio año que cambió nuestras vidas. Entramos en contacto con una naturaleza todavía salvaje, de paisajes indómitos, con una agricultura que tan solo veinte años atrás había empezado a mecanizarse, y con personas inolvidables que nos enseñaron una forma diferente de entender la vida.
No fue hasta ese momento cuando nos dimos cuenta de lo que significa perder la vitalidad de los suelos. Cuando empezamos a degustar aceites maravillosos, frutas exquisitas y vinos que te dejaban sin aliento, por primera vez en nuestra vida nos sentimos alimentados de forma consciente.
Después de observar las tierras y ver a la gente trabajándolas con entusiasmo, llegamos a las inevitables comparaciones, nuestra consciencia antes y después, las tierras de aquí y las de allá, los alimentos de aquí y los de allá, el ánimo de aquí y el de allá.
Cuando un pueblo pierde la vitalidad de sus tierras, cuando la fertilidad es un espejismo alimentado con tractores de 90 caballos y productos fitosanitarios que son tóxicos para todas las formas de vida, se pierde algo más que bonitas postales consumistas.
Se pierde la vitalidad del pueblo. Sin agricultura, sin los alimentos que nos proporciona, no podemos vivir. Si no hay vitalidad, no hay consciencia ni voluntad, y las sociedades y los pueblos entran en crisis sociales, económicas, educativas, alimentarias, energéticas... Formamos parte de la naturaleza, que nos lo da todo.
Una mirada a nuestra isla, sin mirar al suelo, también nos indica que la vitalidad de nuestras tierras está en bancarrota. Mirarlo confirma el desastre.
El milagro de cada día es que, a pesar de la destrucción agrícola de las tierras, la generosa madre tierra sigue dándonos sus frutos.
Este discurso no es pesimista. Podemos recuperar la fertilidad de las tierras, podemos mantenerla y podemos mejorarla para el futuro. Éste es nuestro proyecto en las viñas de Jaume Mesquida.
Jaume Mesquida Mora
Se pueden hacer muchas cosas encaminadas a recuperar la fertilidad de nuestras tierras, pero lo más importante es cambiar de mentalidad. Cambiar la forma de percibir la naturaleza, el entorno y la vida, es el acto agrícola más importante que podemos llevar a cabo. Se trata de una decisión personal y es la apuesta que hemos hecho en nuestra bodega.
Iniciamos el camino cuando, en 2004, tomamos la decisión de dejar de usar herbicidas y fertilizantes químicos y empezamos a utilizar cubiertas vegetales como abono orgánico.
Desde 2007, conscientes de la necesidad de cambiar de paradigma, en Jaume Mesquida hemos empezado a introducir una serie de cambios en la forma de trabajar las viñas Nuevos métodos que evolucionan constantemente a medida que vamos adquiriendo nuevos conocimientos.
Actualmente la gestión de las viñas de Jaume Mesquida se basa en los puntos siguientes: